Resiliencia (I): ¿La respuesta a la incertidumbre del momento?

Las diez características de las personas altamente resilientes, que pueden ayudarnos a reforzarnos en tiempos de crisis.

En los últimos tiempos se está escuchando con mucha frecuencia la palabra “resiliencia” y parece ser la solución o la respuesta a las tensas situaciones que estamos viviendo en este momento.
John Bowlby, autor de la Teoría del Apego, plantea por primera vez ese concepto que fue divulgado después por Boris Cyrulnick, en su libro “Los Patitos Feos”. Podríamos definir la resiliencia como la capacidad de los seres humanos para superar periodos de dolor emocional y situaciones adversas, saliendo fortalecidos de ellas.

Con posterioridad, la neuropsiquiatra Rafaela Santos, Presidenta del Instituto Español de Resiliencia, propone:

“Hay que trabajar el desarrollo de la resiliencia como la capacidad de saber afrontar las adversidades de la vida y fortalecerse; no solamente resistir, aguantar, sufrir, …, sino aprender que forman parte de la vida”

Es decir, que la resiliencia no es algo con lo que se nace, sino que se tiene que “trabajar para desarrollarla”.
Las personas en las que vemos un alto nivel de resiliencia muestran una serie de características que les permiten comportarse de esa forma, entre ellas hemos seleccionado las diez más importantes en el siguiente decálogo:

  1. Autoconocimiento:

    Conocerse a sí mismo y ser consciente de las fortalezas y debilidades, nos ayuda a establecer metas razonables y estimulantes, a que sepamos cuándo tenemos que pedir ayuda. En la actual situación de confrontación entre países y dentro de los mismos, es quizás más necesario que nunca dedicar tiempo a reflexionar sobre nosotros mismos, nuestros valores e ideales, etc. de modo que aumentemos nuestro autoconocimiento.

  2. Responsabilización:

    Ser conscientes de nuestro papel, nuestra responsabilidad en lo que sucede a nuestro alrededor y del impacto, positivo o negativo, que pueden tener nuestras acciones y opiniones. En la situación actual, una correcta responsabilización nos ayudará a calmar o al menos no contribuir a aumentar el grado de crispación que se constata a nuestro alrededor, por ejemplo, en los medios sociales y de comunicación.

  3. Sentido del humor:

    Afrontar las adversidades con humor activa una serie de sistemas y procesos neurológicos, emocionales, endocrinos, etc., que hacen que estemos en mejores condiciones para resolver los problemas o situaciones que podamos vivir.

  4. Conciencia del presente:

    Estar mentalmente aquí y ahora, evitando los sentimientos de culpabilidad por cosas pasadas o el agobio por lo incierto del futuro. La persona resiliente debe ocuparse de llenar cada día con actividades que supongan mejorar o estar bien.

  5. Optimismo y positivismo:

    Detectar la realidad desde el lado positivo, optimista. Evitar el pesimismo, y especialmente a las personas pesimistas, que secuestran y eliminan la energía. Mantener el optimismo en situaciones convulsas, como las que estamos viendo cada día en los informativos, nos da la energía necesaria para seguir adelante.

  6. Flexibilidad:

    Tener suficiente seguridad en uno mismo para aceptar los cambios que, sin duda, serán necesarios para mantener la vigencia de nuestro objetivo. Esto no quiere decir que debamos abandonar nuestro propósito inicial a la primera dificultad que encontremos, sino que sepamos ir corrigiendo el rumbo, escuchando a los demás y atendiendo a las señales que así nos lo indiquen.

  7. Perseverancia:

    Aun así, debemos ser capaces de mantener, no ya el rumbo inicial que pudiera estar desfasado, sino el movimiento hacia la mejora continua. Mantener el propósito de mejora aceptando las modificaciones que sean necesarias, perseverando más allá de las dificultades.

  8. Emocionalidad:

    Intentar controlar las emociones y no las situaciones. Las situaciones suelen estar fuera de nuestro control, intentar controlarlas es un esfuerzo inútil y no servirá de mucho la energía que empleemos en esa tarea. Pero buscar cómo reducir el impacto de la situación en nuestra emocionalidad, en nuestra ansiedad, en nuestro miedo, en la inseguridad que sentimos, en la rabia de no poder hacer nada para evitar lo que está pasando, en la tristeza por las pérdidas que se producen de manera constante en los conflictos abiertos, esas manifestaciones sí que están en nuestro ámbito de actuación. La empatía tiene una especial importancia en este punto. Captar las emociones de los otros, con las personas que convivimos y nos relacionamos cada día, de forma presencial o telemática, es muy importante tanto para desarrollar nuestra resiliencia, como para ayudar a los otros a que la desarrollen.

  9. Socialización:

    Saber cultivar las amistades y valorarlas, rodearse de personas positivas y crear una potente red de apoyo que nos pueda sostener en momentos de crisis, en momentos en los que el concepto de inmediatez obliga, en muchos casos, a seleccionar el contacto telemático frente al trato personal, incluso con nuestros seres queridos. Es importante para la resiliencia el uso de la asertividad, es decir, de mantener una comunicación entre iguales en la que ninguno quiere imponer su criterio al otro, y se busca el beneficio y el bienestar de ambas partes de los contertulios.

  10. Creatividad:

    Para conseguir salir adelante y reforzados en momentos convulsos como los actuales, no podemos utilizar los métodos o las soluciones que ya conocemos, es necesario activar los sistemas neurológicos de creatividad, buscar nuevas respuestas que permitan sacar algo bueno y práctico de situaciones y experiencias dolorosas o complejas. Para conseguirlo, además de las otras indicaciones que hemos incluido en este artículo, podemos hacer uso de nuestro cuerpo, ya que movilizarnos, adoptar posturas relajadas, sonreír, y muy especialmente, realizar una respiración correcta, como la que se realiza por la nariz y se moviliza el diafragma, sabemos por la neurociencia que activa el sistema neuronal de la creatividad (DMN: Default Mode Network) y provoca la segregación de oxitocina, y ambos procesos ayudan a aumentar nuestra capacidad de crear en condiciones adversas y en consecuencia a ser más resilientes.

En conclusión,

La resiliencia puede y debe ser la respuesta a situaciones complejas y difíciles como las que está padeciendo el mundo y de la que nosotros recibimos sus impactos, pero la resiliencia no nos viene de serie, tenemos que trabajarla.
Estar informados de la evolución de los conflictos armados, de las guerras arancelarias, conocer los cambios de la situación, seguir las indicaciones de los científicos, etc., es algo necesario para poder adaptarnos a cada momento, pero deberíamos limitar el tiempo que dedicamos a esa tarea. Unos minutos de información suelen ser suficientes. Dedicar mucho tiempo a seguir la información y los comentarios que, constantemente nos brindan los medios de comunicación y la redes sociales puede resultar contraproducente, y puede llegar a saturarnos y bloquearnos.
Dediquemos parte del día a fomentar las diez características descritas en esta nota, con ello aprenderemos a sacar mayor partido de la situación y a ser más resilientes.

Si te ha parecido interesante este artículo, en el próximo profundizaremos en qué es la resiliencia, cuáles son las características de las personas resilientes y cómo desarrollarlas de forma práctica en tu día a día. 

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