Neuroliderazgo

Iniciando el desconfinamiento del coronavirus, ¿y ahora qué?

Cómo gestionar los miedos que nos asaltan a la hora de volver a la “normalidad”.

Después de un periodo inimaginablemente largo de confinamiento por la pandemia de Covid-19, nos empezamos a enfrentar ahora al periodo de desconfinamiento.

Aparentemente, este deseado momento debería estar pleno de alegría desbordada, entusiasmo y otras emociones parecidas.
Sin embargo, se detecta con cierta facilidad, a la que te cruces con varias personas, que no siempre es la alegría la emoción que monopoliza el momento. Nuestro viejo conocido, el miedo, vuelve a hacer su aparición y por partida doble, al menos.

Ante la situación de salir del confinamiento nos invade el miedo al contagio. Hemos permanecido durante más de 50 días en un entorno en el que podíamos controlar bastante los riesgos. Salíamos a comprar con guantes, mascarilla reutilizada y nos manteníamos a distancia de la gente en el supermercado. Veíamos a los vecinos desde el balcón o la ventana, etc. Y al regresar de la fugaz salida realizábamos el ritual del lavado de manos, los zapatos, … la rutina que nos daba seguridad y, por lo tanto, nos quitaba el miedo.

Pero ahora saldremos a la calle de forma paulatina, no para comprar o para ir al trabajo y volver, sino para reiniciar nuestra vida. Es casi inevitable que sintamos miedo o reparo a pararnos a hablar con alguien, a compartir un ascensor para ir al octavo piso o a subir a un autobús.

Este miedo a contagiarnos estará muy presente. Pero no es el único miedo que nos acompañará en el desconfinamiento: saldremos con miedo a lo que vendrá, a cómo será ahora nuestro trabajo y a si nuestra empresa, negocio, etc. saldrá adelante.

Son como dos fuerzas contrapuestas que tiran de nosotros, una busca evitar al máximo el contagio que puede llegar al salir y relacionarnos, y por otro lado, la otra fuerza que nos obliga a salir ya, cuanto antes, y retomar nuestra actividad para salvar nuestra economía.

No resulta fácil conciliar esas dos fuerzas, ambas manifestaciones de la emoción miedo, que desencadenarán la activación de los sistemas neuronales que nos llevan a cumplir con tareas pero no a ser creativos, a segregar cortisol y activar el circuito del estrés. Esta situación hace que nos sea mucho más difícil utilizar nuestros recursos ligados a la emoción alegría, que nos proporcionarían la segregación de oxitocina y la consiguiente liberación de dopamina y serotonina, así como la puesta en acción del sistema neuronal de la creatividad.

¿Cómo podemos activar estos recursos?

Nos encontramos en la parte final de un largo túnel, la travesía está siendo mucho más dura de lo que pensábamos o podíamos imaginar, y hemos perdido mucho más de lo esperado, desgraciadamente, vidas de seres queridos y otras pérdidas que, comparadas con esas, no tienen ni lugar en este artículo.

Pero aquí estamos, superando la crisis y en la mayoría de los casos, con un mayor crecimiento de nosotros mismos, habiendo aprovechado el tiempo para prepararnos, es decir, siendo más resilientes.

Ése es el punto de partida para conseguir nuestra dosis de alegría. Si hacemos balance de nuestros logros y le añadimos el esfuerzo y el sacrificio de todos, tendremos elementos positivos suficientes para sentir esa alegría.
Para ello podemos utilizar las siguientes pautas:

1. Para evitar el rechazo al contacto con otras personas:
• Tomar precauciones para protegernos y proteger a los demás
• Alegrarnos de poder hablar en directo con otras personas, aunque sea manteniendo la distancia de seguridad de dos metros que indican las autoridades sanitarias
• Disfrutar de volver a movernos al aire libre, con el impacto de endorfinas que eso conlleva
• Por último, el citado rechazo está en nuestra mente, podemos ver a la persona que nos encontramos como un “compañero de viaje” al que procuramos proteger y entender

2. Para vencer al miedo a lo que nos depare el futuro y la viabilidad de nuestro trabajo:
• Hagamos un balance de lo más positivo y lo más negativo de la situación laboral de nuestro negocio. Detectemos los peores augurios y busquemos posibles respuestas. Con eso pasamos de vivir la situación con miedo, como si se tratara de una amenaza, a vivirla con actitud de afrontar un reto, lo que automáticamente activa los sistemas positivos y de creatividad antes citados
• Analicemos qué cosas tenemos que cambiar como resultado de la pandemia y pongámonos en marcha

Con estas acciones y otras que hemos comentado en artículos anteriores que podéis encontrar en este mismo blog, como “La amenaza del coronavirus, más allá de la contaminación”, “La felicidad confinada por el coronavirus” y “Resiliencia (I): ¿La respuesta a la crisis del coronavirus?”, podemos plantearnos el desconfinamiento con mejores herramientas para salir adelante.

 

En conclusión,

Debemos recuperar la confianza, en nosotros mismos y en los demás. Todos somos vulnerables y eso nos aúna.
Tenemos que dedicar tiempo y esfuerzo para ver el lado positivo de la nueva situación y alegrarnos de haber llegado hasta aquí.

Esta actitud positiva pondrá en marcha nuestro cerebro en mejores condiciones y con más recursos para afrontar con éxito este nuevo reto del desconfinamiento.

Luis Santamaria – Psicólogo-Coach

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