Neuroliderazgo

La amenaza del coronavirus, más allá de la contaminación

¿Cómo podemos hacer frente a la "pandemia" de miedo y estrés que está causando el coronavirus?

Más allá de la gran cantidad de personas que día tras día están contagiándose del coronavirus, sus efectos emocionales están llegando a la casi totalidad de la humanidad a través de la amenaza que representa para la salud, para la vida, y también, para la forma y el estilo de vida que conocemos.

Tanto si somos altos ejecutivos que dirigimos grandes sociedades, como si somos pequeños empresarios que gestionamos un negocio familiar, o simplemente, trabajadores individuales que, hasta hace poco más de un mes, nos ganábamos la vida con nuestro esfuerzo diario, vemos estos días cómo nuestra forma de vida cambia sensiblemente, probablemente para siempre. La amenaza constante, alimentada minuto a minuto por los incansables medios de comunicación, puede causar en nosotros una reacción de miedo continuado, que fácilmente puede acabar en estrés.

Según los conocimientos aportados por la neurociencia, ese estrés provoca en las personas un exceso de algunas hormonas como el cortisol, y la activación de sistemas neuronales que nos hacen entrar en el modo "cumplimiento", es decir, que nos limitamos a cumplimentar formularios, seguir protocolos y hacer las cosas estrictamente como las tengamos definidas en nuestra mente. Pero, sobre todo, nos impide o bloquea la innovación y la creatividad. Además, el estrés ocasionado por nuestra respuesta a la amenaza aumenta el riesgo cardiovascular y disminuye nuestro sistema inmunológico, en un momento de peligro de contagio por una pandemia.

¿Qué podemos hacer?
Gestionar nuestro miedo, reaccionar de forma adecuada al estrés que nos provoca, es decir, podemos neuroliderarnos.

¿Cómo?
La psicóloga Kelly McGonigal, en su obra "Estrés: el lado bueno", indica que esta reacción no es necesariamente negativa, y que sus efectos dañinos están ligados a nuestra forma de vivirla.

Así, si vivimos la presente situación de pandemia como el fin de nuestra era como sociedad, y de nuestra vida actual como individuos (al menos como el fin de nuestra forma de vivir), probablemente entraremos en la situación antes descrita de aumento del cortisol, activación de sistemas neuronales de cumplimiento, etc., se resentirán nuestras arterias coronarias, nuestro sistema inmunológico, y estaremos más expuestos y sensibles a una contaminación, ya sea por el coronavirus o por cualquier otro virus o bacteria que se encuentre en nuestro entorno.

Sin embargo, si como indica Kelly nuestra reacción a la presente amenaza es tomarla como un reto, una situación complicada a la que vamos a hacer frente a través de nuestra creatividad e ingenio, en lugar de la hormona del estrés antes citada, nuestro cuerpo segregará oxitocina, hormona que provocará en nosotros confianza, seguridad y sentimientos de unión, de vínculo. Ese vínculo que nos anima a muchas personas a salir a aplaudir a los sanitarios y otros colectivos de servicios cada tarde alrededor de las ocho.

Además, se activará el sistema neuronal de la creatividad, y ambas respuestas fisiológicas conseguirán que se regule nuestra presión arterial y se potencie nuestro sistema inmunológico, lo que nos ayudará a resistir mejor los ataques de patógenos, y a mejorar nuestro estado de salud física y mental.

¿Cómo podemos reaccionar?
En el estado de confinamiento en el que nos encontramos la mayoría de nosotros, afectados o no por el ERTO de nuestra empresa, pudiendo trabajar o no, debemos encarar nuestro día a día con la idea de:
• ¿Para qué me puede servir el día de hoy?
La respuesta es múltiple y personal, y va desde: "para releer aquel libro que tanto me gustó", "acabar aquel arreglo en casa que tengo pendiente desde...", "revisar mis rutinas de...", hasta: “disfrutar jugando y atendiendo más a mis hijos”, etc.

Cada uno sabe las múltiples cosas que hubiera hecho si hubiera tenido tiempo. Ahora lo tenemos, y aunque por el confinamiento no podamos dedicarnos a algunas tareas (excepto que dispongamos de lo necesario), tenemos muchas cosas pendientes en nosotros mismos, que nos pueden ayudar a canalizar de forma sana la energía o el desasosiego que nos genera la actual situación.

Así, cuando no paran de circular por nuestra cabeza el agobio, la inquietud o la intranquilidad, todos ellos indicadores de que estamos en situación de estrés, debemos gestionar ese miedo. Tomemos lápiz y papel y pongamos en negro sobre blanco qué podemos hacer con esas ideas recurrentes:

Valorar y relativizar el peligro real de la situación
Pensar qué actividades o acciones podemos hacer, teniendo en cuenta la situación de necesario confinamiento en el que muchos nos encontramos
Realizar las acciones que nos hagan sacar un mayor provecho personal o social
Aprovechar el “yo me quedo en casa” para hacer aquellas cosas que seguro tenemos aparcadas desde hace tiempo, bajo el lema de: “cuando tenga tiempo…”

Solo con el hecho de empezar a escribir en un papel los pasos que acabamos de citar, dejaremos de dar vueltas en la cabeza al peligro y estaremos tratando el estrés como un reto y, por lo tanto, estaremos ayudando a nuestra salud.

Autor: Luis Santamaria (Psicólogo-coach y consultor)

 

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