Regulación Emocional: tres mecanismos que la impiden. La Evitación (3/3)

“Si no lo pienso, no existe…”

En la vida nos enfrentamos con demasiada frecuencia con situaciones emocionales que no nos resultan agradables, por las que no queremos pasar. Una de las respuestas que se dan a este problema es la evitación, ignorar el problema o la situación.

El problema está en que cuando evitamos una situación que nos resulta desagradable, lo primero que sentimos es un gran alivio, es decir, una recompensa a corto plazo. Lo malo es que no hemos resulto para nada la situación y, probablemente, de una forma o de otra está condenada a volver, y en ese momento, nuestros recursos para afrontarla serán menores, ya que ese “premio” que recibimos al evitar la situación o la emoción, se convertirá en un poderoso recurso o patrón de conducta.

La solución para superar la evitación parece fácil, al menos desde el punto de vista de la teoría, hemos de recorrer el camino inverso al que hemos andado y volver hasta encontrar la emoción que subyace en la situación y afrontarla.

Pero las personas que utilizan mucho la evitación de las emociones desagradables piensan que esa es la única solución, se ven sometidos a las ventajas inmediatas que proporciona evitar la situación, sin que sean capaces de ver los grandes beneficios que tendría para ellas afrontar las emociones en lugar de rechazarlas.

Siendo realistas, debemos considerar que el efecto de la evitación en algo que nos angustia es como el que puede producir algún tipo de una droga, esto es, satisfacción inmediata por el inmenso alivio inmediato.

Por el contrario, afrontar la situación emocional provoca unos beneficios mucho mayores, pero su efecto no se nota hasta mucho más adelante, por lo que requiere firmeza y convicción de que, ir en dirección contraria al camino que solemos realizar llevará a un beneficio mayor.

Así, para afrontar las situaciones desagradables que generalmente evitamos, debemos caminar en dirección contraria a lo habitual, y como no es un camino fácil ni corto, debemos tener muy claros los beneficios que obtendremos y los motivos que nos impulsan, manteniéndolos presentes en nuestra cabeza todo el tiempo.

Uno de los beneficios que conseguiremos si afrontamos estas situaciones es que nos sentiremos más libres, ya que la evitación de todo lo que no nos agrada va limitando nuestras opciones de respuesta en la vida. Las personas dejan de ir a sitios o frecuentar ciertos círculos sociales, nos vamos retrayendo y siguiendo ese camino podemos llegar a desarrollar una agorafobia, que sería la versión más patológica a la que nos llevaría ese comportamiento.

Afrontar las situaciones y las emociones desagradables ayudará a mejorar nuestra regulación emocional, ya que toda emoción a la que le permitamos manifestarse iniciará el proceso de gestión emocional. Si dejamos que nuestra mente la sienta, conviva con ella y se habitúe, hará que la emoción en cuestión vaya disminuyendo y se inicie el proceso de elaboración que llevará a su desaparición, dando paso a otras emociones más agradables.

Espero que estas reflexiones, extraídas tras la lectura del libro “Lo bueno de tener un mal día” de Anabel Gonzalez, junto con las ya publicadas sobre la rumiación y la preocupación de la misma procedencia, os ayuden a ahorrar energía y a evitar el sufrimiento que acompaña a mecanismos contrarios a la sana regulación de nuestras emociones.

Luis Santamaria– Psicólogo coach

Si te ha parecido interesante este artículo, tal vez te resulte útil recibir otras informaciones relevantes y exclusivas que te ayuden a tomar decisiones estratégicas y a desarrollar el potencial profesional de los equipos que diriges.
En ese caso, puedes suscribirte a nuestro boletín trimestral y te lo haremos llegar por email con mucho gusto.
¡Sin coste y sin compromisos! Una vez por trimestre en tu buzón de correo.